Estudio de la UNAM confirma presencia de mamíferos en Biósfera de los Tuxtlas

Animales que se consideraban ya extintos como en la zona la reserva ecológica Biósfera de los Tuxtlas como el tigrillo o margay, la tayra, el cacomixtle y el tlacuache cuatro ojos gris fueron capturados en cámaras colocadas en las copas de los árboles, como parte de un estudio de la UNAM que confirma que esa región no está desfaunada, como referían otros estudios.
A través de un estudio realizado por el Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México y encabezado por el biólogo José Juan Flores Martínez, lograron documentar varios animales, de los cuales ya no había registro en los últimos años.
Durante 16 meses de trabajo, los biólogos lograron capturar momentos únicos de la vida secreta de los mamíferos arborícolas. Con un esfuerzo de 4897 días-cámara, se obtuvieron casi 3000 registros fotográficos que confirmaron la presencia de 14 de las 18 especies de mamíferos arborícolas previamente reportadas para la estación biológica.
Entre los animales que lograron documentar están la martucha (Potos flavus), una experta equilibrista que inclina su cola para mantener el balance entre las ramas, fue la especie más abundante del estudio. Le siguieron el mono aullador o saraguato (Alouatta palliata) y el coatí (Nasua narica), dos especies que coinciden en los sitios de alimentación e incluso compiten por ellos. En contraste, el cacomixtle (Bassariscus sumichrasti) y el tlacuache cuatro ojos gris (Philander opossum) apenas se dejaron ver: cada uno apareció una sola vez frente a las cámaras. También fueron escasos los registros del tigrillo o margay (Leopardus wiedii) y de la tayra (Eira barbara), dos depredadores esquivos y con índices de abundancia notablemente bajos.
Desde las alturas fue el estudio
El estudio logró registrar más de dos tercios de las especies de mamíferos arborícolas conocidas en Los Tuxtlas. Pero no todas fueron detectadas por las cámaras trampa. El mono araña (Ateles geoffroyi), por ejemplo, no ha sido visto en la estación en más de 30 años. Su ausencia podría explicarse por sus grandes necesidades de espacio: se desplaza por extensiones amplias de selva y probablemente habita zonas más remotas, cerca del volcán San Martín.
A 35 metros de altura, la selva se percibe totalmente distinta. A diferencia del piso, donde se tienen los pies bien plantados sobre la tierra, en el dosel de los árboles es posible observar cómo la vegetación se conecta entre sí.
Para notar esa arquitectura natural, hay que prestar mucha atención: las ramas revelan los senderos que recorren los mamíferos que habitan las alturas. “Para moverte, tienes que empezar a pensar como mono saraguato, como martucha o como tlacuache”, dice el biólogo mexicano José Juan Flores-Martínez.
