¿Un nuevo priismo?

Apuntes/Por Manuel Rosete Chávez.

“Es muy compleja la realidad que le heredaron, ojalá pueda” Yo

Cuando don Fernando Gutiérrez Barrios, en el año 2000, casi fue obligado a hacer campaña para ir al Senado de la República, cuando él tenía derecho a una plurinominal por ser el miembro de mayor peso político que había en ese momento en el Revolucionario Institucional, nos confió que se sentía muy bien buscando el voto de sus amigos los veracruzanos a los que había gobernado dos años y con los que tenía una estrecha relación de afecto, pero además, la estructura de su partido, el PRI, ahí estaba, sólida, si acaso empolvada pero con una ligera sacudida respondería. Y así fue, pensamos que más que por la solidez del priismo veracruzano, Gutiérrez Barrios ganó fácil esa elección con base en el gran capital político que poseía en la entidad, resultado de su extraordinario trabajo público.

Y decimos que casi fue obligado porque su amigo Francisco Labastida Ochoa, candidato presidencial en esa misma elección, se lo pidió sabiendo que Gutiérrez Barrios le arrimaría muchos votos de los veracruzanos para su proyecto presidencial. Don Fernando ganó con facilidad, le ayudó a Labastida, pero no fue suficiente para que ganara la elección presidencial, habiendo padecido la primera derrota priista en la presidencia tras 74 años de permanencia en el poder, gracias a un efecto social de rechazo al PRI encabezado por el panista Vicente Fox Quezada, semejante al de Morena que hoy gobierna el país con Andrés Manuel López Obrador.

Pero el PRI de aquellos tiempos, a pesar de haber servido como fábrica de nuevos ricos, de constructora de una casta privilegiada que era la que disfrutaba de los beneficios económicos del dinero de la nación, tuvo un tiempo para la reflexión y tras los gravísimos errores cometidos por los presidentes panistas Vicente Fox y Felipe Calderón, logró recuperar la Presidencia con un producto de mercadotecnia bien trabajado en los medios de comunicación, especialmente la televisión, como lo fue Enrique Peña Nieto, un mediocre pero voraz político mexiquense, a quien los priistas treparon al sillón presidencial solapando una runfla de ratas de que se rodeó, y a los que a lo largo del camino sexenal se le fueron sumando, lo que trajo como consecuencia el surgimiento de un movimiento social anti priista y antipapista, el cual encabezó Andrés Manuel López Obrador, hoy presidente de los mexicanos, y político en campaña permanente para mantenerse en las preferencias electorales.

En fase terminal

El próximo 4 de marzo, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) cumplirá 91 años, de los cuales 76 gobernó el país. Ya muchos se aprestan a celebrar tan especial fecha para colarse en la nueva directiva, así como en el CEN y en los comités estatales, todos en las mismas circunstancias de repudio social.

Pero el PRI es uno de los partidos que ha tenido el mayor número de presidentes en el mundo y también de los que ha tenido mayor número de casos de corrupción, y los priistas que aún quedan, esperan que en la celebración de su aniversario se dé a conocer la convocatoria para la elección de la nueva dirigencia nacional, para la cual hay un grupo de cinco aspirantes. Pero detrás de todos y cada uno de ellos, permanece aún la sombra del expresidente Enrique Peña Nieto, quien habrá de ser un factor determinante en el rumbo del priismo… Imagínese qué futuro les espera.

La nueva dirigencia habrá de enfrentar el derrumbe que sufrió en la elección federal pasada que dejó al partido no sólo en el tercer lugar como fuerza política, sino en una crisis estructural que lo tiene pasmado sin saber qué rumbo tomar para recuperar dos aspectos fundamentales: seriedad y credibilidad.

Este año, el PRI tiene dos compromisos. El primero, realizar una asamblea nacional en la que se contempla cambiar la dirigencia que actualmente lleva a cuestas la senadora Claudia Ruiz Massieu Salinas y, al mismo tiempo, dar los primeros pasos para una reforma profunda que algunos piden sea una refundación que incluiría además cambiar de nombre.

El punto clave para la elección de la nueva dirigencia es si habrán de elegirla por voto abierto a la militancia, lo cual se ve poco probable porque se requiere de una organización amplia y costosa y, además, no se tiene un padrón de militantes puntual para un proceso abierto como el que se plantea. De ahí que seguramente veremos el uso de los métodos de la elección por asamblea o por delegados políticos.

A la vista, hay cinco aspirantes a dirigir el partido: el senador y exsecretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong; la exgobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega; el exgobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz; el gobernador de Campeche, Alejandro Moreno, y el exrector de la UNAM y exsecretario de Salud, José Narro.

En el interior del PRI ven con preocupación el perfil de los candidatos porque difícilmente ven que puedan recuperar la confianza ciudadana pues tienen un historial de claroscuros en su paso como gobernantes, haciendo del uso del poder público un negocio particular. Es decir, tienen manchas de corrupción que no se olvidan ni se borran en la memoria pública.

Entre algunos priistas integrantes de la cúpula no rechazan la posibilidad de inclinarse por el exrector de la UNAM, José Narro, que no tiene un historial negro como sus compañeros de partido. Y aunque algunos miran con cierta preocupación su edad de 70 años, otros más soslayan esto aduciendo que tiene más posibilidades de acercarse a dialogar con la sociedad que sus otros contrincantes.

Aunque también hay un sector que se inclina por el gobernador de Campeche, conocido como Alito, que tiene un apoyo fundamental: el de Peña Nieto a quien le operó que se quitaran los candados estatutarios para que se eligiera a José Antonio Meade como candidato presidencial ciudadano.

Sin embargo, se ve difícil que Alejandro Moreno cumpla lo que buscan los priistas, recuperar la credibilidad y la confianza ciudadana, que la población los mire con seriedad y crean que sí están dispuestos a cambiar.

Porque la meta fundamental de este proceso de profunda reforma en el PRI va acompañada de la elección de un líder que ayude a construir una nueva imagen del partido que remonte el historial de malas actuaciones, negocios mal habidos, malversación de fondos públicos, vínculos con el crimen organizado o alianzas con personajes cuestionados de muchos de sus miembros.

Por cierto… El reto o el desafío del PRI ahora es muy diferente al del 2000 y el 2006 cuando perdió la Presidencia de la República. En aquellas elecciones aun conservaban un buen número de gubernaturas, presidencias municipales y diputaciones federales y locales. Hoy, con apenas nueve millones de votos conseguidos en la elección de 2018, tiene 12 gubernaturas de 32, 47 diputados de 500, 14 senadores de 128, 550 presidentes municipales de 2011 y 184 diputaciones locales de mil 123.

¿Quién por Veracruz?

Aquí en la aldea, los políticos que se aprestan a dar la batalla por la dirigencia estatal son: Antonio Benítez Lucho, el menos malo de todos; Héctor Yunes Landa, apoyado por su “Alianza Generacional”, cuyos contados militantes le han puesto el sobrenombre de “El Toma Todo” porque se quejan de que el activismo de Héctor con las siglas del PRI y al amparo de la asociación solo ha servido para que él salga beneficiado con posiciones para sus familiares y amigos; un tal Marlon Ramírez Marín, empleado de la comuna porteña que preside Fernando Yunes Márquez, a quien le tiene pavor y ha llegado a declarar “yo de pendejo me peleo con los Yunes”, joven ladino de la cuadra de Fidel Herrera Beltrán; Anilú Ingram Vallines, diputada federal, exdelegada de la Sedesol, quien encabeza una banda de delincuentes que lucraban con el dinero de las estancias infantiles gracias a lo cual hoy es millonaria, y hasta Erick Lagos Hernández, operador de Fidel Herrera con los capos de los cárteles de la droga en Veracruz en tiempos del fidelato. Con esos ilustres personajes piensan revivir al PRI en la entidad… Están cañones.

REFLEXIÓN

López Obrador pregunta al pueblo si se enjuicia o no a los ex presidentes corruptos. Vaya forma de esconder el bulto. Su obligación como presidente de los mexicanos es aplicar la ley y encarcelar a todos los que la violen, comenzando por estos personajes que nos dejaron en la miseria y a merced de la delincuencia: cómo de que si ustedes quieren, cumpla con su obligación, señor Presidente, esa es su chamba. Escríbanos a mrossete@yahoo.com.mx formatosiete@gmail.com www.formato7.com/columnistas

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