{"id":80080,"date":"2021-10-19T13:12:44","date_gmt":"2021-10-19T18:12:44","guid":{"rendered":"https:\/\/www.noticiasperfil.com\/index\/?p=80080"},"modified":"2021-10-19T13:12:47","modified_gmt":"2021-10-19T18:12:47","slug":"in-memorian-de-dona-yolanda-carlin-roca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.noticiasperfil.com\/index\/2021\/10\/19\/in-memorian-de-dona-yolanda-carlin-roca\/","title":{"rendered":"In memorian de do\u00f1a Yolanda Carl\u00edn Roca"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/i2.wp.com\/www.noticiasperfil.com\/index\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/prosa-aprisa.jpg?w=640&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-65643\" data-recalc-dims=\"1\"\/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p><strong>Prosa Aprisa\/Por Arturo Reyes Isidoro.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A lo lejos, mientras el cayuco en el que viajaba con su padre se deslizaba sobre las aguas, entonces quietas, mansas dec\u00edan los rancheros, el ni\u00f1o de seis a\u00f1os de edad vio un resplandor, como una enorme bola de fuego, que le atrajo poderosamente la atenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Conforme la fr\u00e1gil embarcaci\u00f3n fue avanzando y tuvo m\u00e1s cerca aquel extra\u00f1o fen\u00f3meno, la sorpresa primero y luego una gran admiraci\u00f3n le invadieron: conoc\u00eda por primera vez la luz artificial, el\u00e9ctrica, y ve\u00eda que los focos, las l\u00e1mparas, no eran cocuyos que iluminaban la noche como los que \u00e9l atrapaba jugando en medio del monte y los met\u00eda en un bote con residuos secos de plantas y \u00e1rboles para que se alimentaran.<\/p>\n\n\n\n<p>Por un ramal del Papaloapan llegaba por primera vez a una peque\u00f1a ciudad, pero que por su dimensi\u00f3n y en comparaci\u00f3n con su poblado le parec\u00eda enorme. Llegaba a lo que era la \u201ccivilizaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed fue, quiero imaginarme que as\u00ed ocurri\u00f3 la llegada de \u00c1ngel Leodegario Guti\u00e9rrez Castellanos, \u201cYayo\u201d Guti\u00e9rrez, a Tlacotalpan, al anochecer, procedente de una comunidad de Tres Zapotes en el municipio de Santiago Tuxtla. Cuando me lo narr\u00f3 por primera vez, no pude dejar de recordar el inicio de Cien a\u00f1os de soledad: \u201cMuchos a\u00f1os despu\u00e9s, frente al pelot\u00f3n de fusilamiento, el coronel Aureliano Buend\u00eda hab\u00eda de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llev\u00f3 a conocer el hielo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin duda, aquel hermoso lugar de la cuenca del Papaloapan era su Macondo, donde se habr\u00eda de asentar por un buen tiempo y donde habr\u00eda de conocer a su \u00darsula Iguar\u00e1n, la mujer que habr\u00eda de acompa\u00f1arlo hasta su muerte: Yolanda Carl\u00edn Roca, una belleza tlacotalpe\u00f1a, como las hay muchas, que reflejan toda la luminosidad y todos los encantos de la bien llamada Perla del Papaloapan.<\/p>\n\n\n\n<p>La vida, el destino, Dios me uni\u00f3 a ellos luego de que un medio d\u00eda llev\u00e9 un texto, un art\u00edculo, a Yayo, a su despacho de notario p\u00fablico en Acayucan para que lo leyera y para ponerlo a su disposici\u00f3n por si lo quer\u00eda publicar en su Diario del Sur. Lo hab\u00eda redactado, influenciado por tantas plumas brillantes que publicaban en la revista Siempre! del legendario Maestro Pag\u00e9s, Jos\u00e9 Pag\u00e9s Llergo, uno de los grandes periodistas mexicanos de todos los tiempos.<\/p>\n\n\n\n<p>Como buen periodista que era, luego de leerlo, Yayo se dedic\u00f3 a interrogarme. Quiso saber todo sobre mi vida entonces. Ten\u00eda yo apenas 20 a\u00f1os de edad. Luego de la larga pl\u00e1tica, de pronto me pregunt\u00f3 si no me gustar\u00eda ir en la noche a la redacci\u00f3n de su peri\u00f3dico para que yo conociera c\u00f3mo se hac\u00eda. As\u00ed lo hice. Isidro Ib\u00e1\u00f1ez C\u00f3rdova, un periodista chiapaneco a cargo del diario me atendi\u00f3. Nunca, hasta hoy, volv\u00ed a salir de la redacci\u00f3n de un peri\u00f3dico, de mi propia redacci\u00f3n, donde me he pasado ya casi 52 a\u00f1os perge\u00f1ando (as\u00ed se utilizaba antes el t\u00e9rmino en el medio period\u00edstico) miles, acaso millones de cuartillas. Mi primer art\u00edculo se public\u00f3 el 10 de mayo de 1970.<\/p>\n\n\n\n<p>Yayo, muy inquieto, con aspiraciones pol\u00edticas entonces (era abogado, hab\u00eda sido agente del Ministerio P\u00fablico, era notario, era periodista, era hombre de armas tomar, le gustaba trovar (ten\u00eda buena voz para el canto), era orador, llegar\u00eda a ser diputado, magistrado, dirigente estatal del PRI y titular de Comunicaci\u00f3n Social del Gobierno del Estado; Yayo viajaba entonces a Xalapa y a la Ciudad M\u00e9xico a visitar a sus amigos Mario Moya Palencia, secretario de Gobernaci\u00f3n; Miguel Alem\u00e1n Velasco, empresario televisivo entonces; Porfirio Mu\u00f1oz Ledo, ya un encumbrado pol\u00edtico, entre varios m\u00e1s, con quienes hab\u00eda estudiado Derecho en la UNAM.<\/p>\n\n\n\n<p>De reportero pronto me convert\u00ed en todo en el Diario del Sur, porque as\u00ed era entonces en la peque\u00f1a (pero no menos importante) prensa de la provincia mexicana: reporteaba (todas las fuentes), redactaba, correg\u00eda, redactaba las \u201ccabezas\u201d (los titulares de las notas), grababa el noticiero de la XEW (no imagin\u00e1bamos que iba a existir Internet) para de ah\u00ed transcribir las notas nacionales e internacionales y esperaba hasta que se empezaba a imprimir el peri\u00f3dico en la madrugada, cuyos paquetes para su distribuci\u00f3n y venta los entregaba un ni\u00f1o de nombre Jos\u00e9 Valencia S\u00e1nchez a los voceadores, tambi\u00e9n ni\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Haciendo lo mismo todos los d\u00edas, de reportero pas\u00e9 a jefe de informaci\u00f3n, de redacci\u00f3n, a subdirector y finalmente a director, teniendo siempre como compa\u00f1era en la administraci\u00f3n a la se\u00f1ora Carl\u00edn Roca, con quien me entend\u00ed bien y nunca tuve un solo problema. Cuando llegu\u00e9 al diario las finanzas estaban muy mal. Con ella, lo levantamos y cuando emigr\u00e9 para incorporarme al Diario de Xalapa las finanzas estaban muy s\u00f3lidas y el peri\u00f3dico hab\u00eda superado ya la etapa de penurias.<\/p>\n\n\n\n<p>Algo que me gustaba mucho era pasar los 24 de diciembre con ellos. Yayo reun\u00eda a lo m\u00e1s granado de la pol\u00edtica estatal en su residencia y junto con su esposa llevaban jaraneros de Tlacotalpan, uno de ellos que parado se dorm\u00eda tocando el requinto, Yayo trovaba, improvisaba y do\u00f1a Yolanda, como le dec\u00edamos, que zapateaba un rato, repart\u00eda dulces envueltos en papel de china, de colores, t\u00edpicos de Tlacotalpan.<\/p>\n\n\n\n<p>Algo que nunca olvido, que me sirvi\u00f3 de lecci\u00f3n, que me ense\u00f1\u00f3 lo que es la generosidad, es que el d\u00eda que le platiqu\u00e9 a Yayo mi inquietud y mi intenci\u00f3n de emigrar porque consideraba que ya hab\u00eda aprendido en el Diario del Sur todo lo que deb\u00eda de aprender ah\u00ed, que era todo lo de un peri\u00f3dico, no obstante que salirme era dejarle la redacci\u00f3n sola, para mi gran sorpresa lo tom\u00f3 bien y me pregunt\u00f3 que a d\u00f3nde quer\u00eda ir. No ten\u00eda yo idea de a d\u00f3nde ni con qui\u00e9n. Me dijo que con los \u00fanicos dos con quienes pod\u00eda aprender m\u00e1s era con el maestro Alfonso Valencia R\u00edos, de El Dictamen, y con Froyl\u00e1n Flores Cancela, del Diario de Xalapa, a donde y con quien llegu\u00e9. Yayo y do\u00f1a Yolanda me impulsaron, me alentaron, nunca se portaron mezquinos conmigo y mucho de lo que soy (de lo bueno que tenga) se lo debo a ellos (Dios me bendijo porque en Xalapa Froyl\u00e1n, que en paz descanse, no solo se convirti\u00f3 en mi maestro y en mi tutor period\u00edstico, sino que fue como un segundo padre para m\u00ed).<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, Yayo y do\u00f1a Yolanda emigraron a Xalapa. A la muerte de \u00e9l, ella se qued\u00f3 al frente del diario Pol\u00edtica, que hizo \u00e9poca en la capital del estado, y del que fue directora hasta su cierre.<\/p>\n\n\n\n<p>Redacto este texto, lector, en medio de la tristeza que me invade por el fallecimiento, ayer, de do\u00f1a Yolanda. Con la partida de Yayo ya hace 20 a\u00f1os, y ayer de ella, se ha ido una parte de m\u00ed, de mis or\u00edgenes como periodista, y mi orfandad de seres que me quisieron con amor filial y me lo demostraron con hechos se ahonda luego de que hace dos a\u00f1os falleci\u00f3 tambi\u00e9n Froyl\u00e1n, y hace 41 a\u00f1os mi padre Francisco y hace dos a\u00f1os mi madre Margarita.<\/p>\n\n\n\n<p>Apenas en d\u00edas pasados dije que me invad\u00eda el dolor por la p\u00e9rdida de amigos a quienes apreci\u00e9 y que me apreciaron: el economista Arturo Francisco Guti\u00e9rrez G\u00f3ngora y los m\u00e9dicos Jorge Contreras Casta\u00f1eda e Hilario Ruiz Zurita. Ahora me deja la se\u00f1ora Yolanda Carl\u00edn Roca, Yolanda Carl\u00edn viuda de Guti\u00e9rrez, do\u00f1a Yolanda.<\/p>\n\n\n\n<p>Hice un alto en mis temas habituales porque no puedo dejar de rendirles en este espacio p\u00fablico el tributo que me merecen, con todo el agradecimiento que les debo. Ma\u00f1ana, lector, ser\u00e1 otro d\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Prosa Aprisa\/Por Arturo Reyes Isidoro. A lo lejos, mientras el cayuco en el que viajaba con su padre se deslizaba sobre las aguas, entonces quietas, mansas dec\u00edan los rancheros, el ni\u00f1o de seis a\u00f1os de edad vio un resplandor, como una enorme bola de fuego, que le atrajo poderosamente la atenci\u00f3n. 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