Rocío Nahle, firme ante la provocación.

Veracruz siempre ha sido tierra de jiribilla política. Aquí sobran opiniones, actores, intereses, grupos y disputas. No es extraño: hablamos de una de las entidades con mayor peso electoral del país y, con el próximo proceso electoral a punto de arrancar, la temperatura política inevitablemente comenzará a subir.
Y cuando sube la temperatura electoral, no solamente aparecen las propuestas, los posicionamientos o las legítimas diferencias. También florecen la calumnia, el golpeteo, la descalificación y, en demasiadas ocasiones, los ataques personales.
Durante las últimas dos semanas, la gobernadora Rocío Nahle ha estado particularmente en el centro de esa embestida. Algunos personajes de muy cuestionable autoridad moral, varios de ellos políticamente venidos a menos, pasaron de la crítica a la calumnia y de la calumnia a la grosería. Cuando ya no hay argumentos, suele aparecer el insulto.
Rocío Nahle no es una figura menor dentro de Morena. Es fundadora del movimiento, pieza importante en la construcción política del proyecto encabezado por el expresidente Andrés Manuel López Obrador y parte de una generación que hoy acompaña el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Por eso resulta relevante la manera en que ha decidido responder.
“Yo no tengo que caer en provocaciones ni bajar a un nivel al que quisieran llevarme”, dijo este lunes al ser cuestionada sobre algunos señalamientos provenientes de comentaristas y medios nacionales.
Una semana antes ya había marcado la línea frente a cuestionamientos que incluso han rebasado el terreno político para meterse en lo personal y familiar: “cada quien es libre de opinar lo que quiera, pero no tiene derecho a injuriar, a difamar”.
Y ahí está precisamente la diferencia.
En una democracia, quien ejerce el poder debe estar bajo escrutinio. Los medios tienen todo el derecho de preguntar, investigar, señalar errores y cuestionar decisiones. Eso forma parte de la vida pública. Pero una cosa es el periodismo y otra la injuria; una cosa es la crítica y otra convertir la política en una cloaca de ataques personales.
Hay además un elemento que no debería soslayarse: Rocío Nahle es una mujer fuerte gobernando un estado complejo.
Y a las mujeres que alcanzan posiciones de poder todavía se les mide con una vara distinta. Se cuestiona su carácter, su tono, su familia, su vida privada, su patrimonio, su forma de vestir y hasta la manera en que deciden enfrentar a sus adversarios.
La rendición de cuentas debe ser exactamente igual para todos. Pero utilizar estereotipos de género, insinuaciones o ataques personales para intentar desacreditar a una mujer en el poder pertenece a otra categoría.
Nahle ha decidido mantener la prioridad en lo que ella misma llama “el trabajo de base, el trabajo en el territorio”.
Mientras algunos construyen escándalos en redes sociales, ella ha optado por responder con obra pública, comunidades atendidas, empleos, inversiones, servicios y recuperación económica. Y eso, al final, pesa mucho más que cualquier tendencia artificial o cualquier campaña de descalificación.
También hay que reconocerle el temple para distinguir qué batallas merecen respuesta y cuáles solamente buscan arrastrarla al terreno de sus adversarios.
“Tenemos que ser muy listos, muy inteligentes para no engancharnos con provocaciones de cualquier tipo”, señaló.
Porque gobernar también significa resistir. Aguantar campañas, ataques, rumores y provocaciones sin perder el rumbo ni distraerse del objetivo principal.
Y en una mujer que ocupa el poder, esa resiliencia adquiere todavía otra dimensión.
México vive hoy un momento inédito con mujeres ocupando espacios centrales de decisión. Claudia Sheinbaum en la Presidencia de la República y Rocío Nahle en Veracruz representan una generación de mujeres que no llegaron para administrar silencios ni pedir permiso.
Llegaron para gobernar.
Y ante quienes pretenden llevarlas al terreno de la descalificación personal, ambas han entendido algo elemental: el poder también se demuestra sabiendo cuándo responder y cuándo simplemente seguir trabajando.
